Leonor de Aquitania: El poder detrás de la Europa medieval

Cumplió más de ochenta años y sobrevivió ocho de sus diez hijos; Leonor de Aquitania era una fiera. Posiblemente la mujer más poderosa de la Europa medieval, Leonor supervisó el auge y caída de los reyes y gobernó y mandó en una manera que era casi insólita para una mujer en su época.

Se sabe poco de los primeros años de Leonor, menos que nació alrededor de 1122, hija de Guillermo X, duque de Aquitania, y Leonor de Châtellerault. Era la mayor de tres hijos y se convirtió en la heredera presunta de su padre a la muerte de su único hermano, Guillermo, cuando Leonor tenía unos ocho años. 

Gozaba de una educación diversa, aprendió sobre lenguas, literatura y filosofía, y Leonor era bien conocida por su agudo ingenio e inteligencia. Su padre se aseguró de que su hija entendiera muy bien la política y el arte de gobernar. Cuando Leonor tenía 15 años, falleció Guillermo X, y ella heredó sus extensas tierras. Casi de inmediato, se casó con el hijo del rey francés, que pronto se convertiría en Luis VII de Francia.

Apenas una adolescente, Leonor era no solo duquesa de Aquitania y Guyena por derecho propio, sino también reina consorte de Francia. La mayoría de las mujeres de su época simplemente se esperaba que vivieran el resto de sus días como una esposa leal y obediente, y que parieran hijos y herederos para sus maridos. Leonor no aceptó este destino.

Luis, inocente y débil, estaba dedicado a su inteligente y hermosa esposa. Durante su reino, Leonor ejerció una influencia considerable, pero el matrimonio no duró. La Segunda Cruzada —durante la cual Leonor fue alabada por su fortaleza y sabiduría— terminó en fracaso para Luis, y solo sirvió para afondar aún más la brecha entre la pareja ya en conflicto. Leonor corría el riesgo de ser acusada de traición debido a los rumores sobre su relación con su tío, Raimundo. Además, solo había parido dos hijas (María y Alix) y Luis empezaba a sospechar de su esposa.

Impresión artística de Leonor

En 1152, el matrimonio fue anulado y Leonor, con 30 años, viajó a Poitiers. Era famosa por su belleza e increíblemente rica, lo que la convirtió en la mujer más deseada de Europa. Ni dos meses después de la anulación, Leonor se casó con Enrique, Conde de Anjou, que era 11 años menor que ella, y muy poco después se convirtió en el rey Enrique II de Inglaterra. Enrique era todo lo opuesto de Luis en todos los sentidos: de carácter fuerte y valiente, su personalidad coincidía con la de Leonor, creando una unión intensa y a menudo tempestuosa.

Tuvieron ocho hijos. Sus tres hijas se casaron con las familias más poderosas de Europa y dos de sus cinco hijos varones llegaron a ser reyes de Inglaterra. A diferencia de lo que ocurría con su primer marido, Leonor no pudo ejercer mucha influencia en la corte de Enrique; él no estaba dispuesto a delegar el poder, y menos a una mujer. No obstante, disempeñó un papel activo en la administración del reino, especialmente cuando se trataba de sus propios dominios de Aquitania y Poitou. Su papel de soberana se hizo muy notable después del alojamiento con Enrique en 1167, cuando regresó a Poitiers y estableció la llamada “Corte de Amor”, inspirada por la leyenda del Rey Arturo. La corte fomentó la búsqueda de la caballerosidad y las artes, y se decía que era el epicentro de la cultura, aunque su existencia ha sido objeto de debate.

En 1173, Leonor hizo su jugada más audaz hasta ese momento cuando su segundo hijo (y el mayor sobreviviente), Enrique, apodado “el Joven”, montó una revuelta contra su padre, con la ayuda de sus hermanos Ricardo y Godofredo. Dejando de lado cualquier lealtad que pudiera haber sentido a su esposo, Eleanor dio apoyo militar y financiero a sus hijos, y algunos historiadores han llegado a sugerir que el complot fue obra de ella. Sea como fuere, la revuelta fracasó y Leonor fue encarcelada durante dieciséis años hasta la muerte de Enrique II en 1189.

El Joven murió en 1183, así que Ricardo “Corazón de León” (supuestamente el predilecto de Leonor) se convirtió en el rey Ricardo I. Aunque distante durante su infancia, Eleanor se involucró mucho más en la vida de sus hijos una vez que estuvieron involucrados en la política. Tanto Richard como, más tarde, John la elevaron en sus cortes, otorgándole puestos más altos que los de sus propios cónyuges.

Tras la ascensión de Ricardo, Leonor, que tenía 67 años, fue puesta en libertad e inmediatamente volvió a entrar en el mundo político. Mientras Ricardo estaba de cruzada, ella ostentaba autoridad directa en Inglaterra; gobernó como regente y protegió el trono de Ricardo contra amenazas, incluso de su hijo menor, Juan “Sin Tierra”. Lo logró viajando personalmente por todo el país, una hazaña notable para una mujer de su edad, y sus esfuerzos le valieron mucho respeto, que le fue útil cuando tuvo que reunir el considerable rescate de Ricardo tras su captura en Alemania.

Me quedan dos hijos, que viven para castigarme, miserable y condenada. El rey Ricardo está encanedado. Su hermano, Juan, derrota su reino con hierro y lo devasta con fuego.

Eleanor of Aquitaine en una carta al Papa Celestino, suplicando la liberación de su hijo, Ricardo.

Ricardo fue asesinado en 1199 y Juan ascendió al trono. A pesar de sus esfuerzos previos contra él, Leonor apoyó a Juan sin reservas y continuó ayudándolo, ahora con casi 80 años. Ayudó a derrotar a su sobrino, Arturo de Bretaña (el hijo de Godofredo), en un intento de revuelta en 1202, y atravesó personalmente los Pirineos en invierno para negociar una difícil paz con Francia a través del matrimonio de su nieta Blanca y el futuro Luis VIII.

Tumba de Leanor de Aquitania en la Abadía de Fontevraud

Leonor se jubiló de la política en 1202 cuando su salud empezó a fallar. Vivió el resto de sus días en un monasterio en Anjou y murió el 1 de abril de 1204. Fue enterrada junto a su esposo y su hijo predilecto. La efigie en la tumba, aunque esté inexacta, es la única semejanza de Leonor que se conserva. Se la representa con un libro entre manos para simbolizar su gran inteligencia.

El legado de Leonor es impresionante, pero unos historiadores la han juzgado con dureza. Critican las indiscreciones de su juventud mientras ignoran su sabiduría y fortaleza. Sin embargo, su vida fue extraordinaria para una mujer de la época y las monjas de Fontevrault la describieron como una reina “que superó a casi todas las reinas del mundo”. Fue una mujer que se negó a ser limitada por su género y que dio forma al panorama político de la Europa medieval durante más de ochenta años.

Fuentes:

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