La reina Ana tuvo una vida trágica. De sus diecisiete embarazos conocidos, solo un niño sobrevivió más allá de la infancia, su hijo, William, duque de Gloucester, solo para morir días después de su undécimo cumpleaños. También tuvo que soportar la pérdida de su querido marido, George, y el distanciamiento de su mejor amiga y confidente, Sarah Churchill. A menudo estaba enferma y sufría un dolor casi constante, teniendo que ser llevada en brazos hasta su coronación. no es de extrañar que, tras su muerte en 1714, los médicos de Anne declararan que: «El sueño jamás fue más bienvenido al fatigado viajero que la muerte a ella».
Una combinación de su mala salud, tragedia y un libro vengativo de Sarah Churchill han llevado a los historiadores a descartar a Ana como una monarca débil que estaba atrapada bajo la influencia de sus ministros, ingenua tanto política como militarmente.
No podría estar más lejos de la verdad.
Incluso antes de convertirse en reina, Ana se involucró en la política, apoyando a su hermana y cuñado, María II y Guillermo de Orange, en la ‘Revolución Gloriosa’. Tomaron por fuerza el trono al padre católico de Ana y María (Carlos II solicitó que a las hermanas se criaron protestantes) e implementaron el Acta de Establecimiento de 1701, lo que aseguró que, desde ese momento, solo un protestante pudiera heredar el trono.
Guillermo y María gobernaron juntos hasta la muerte de María en 1694. Las hermanas no se habían visto en dos años, distanciadas por la amistad de Anne con Sarah Churchill y sus afirmaciones de que William era cruel con ella. Guillermo y Ana se reconciliaron un poco después de la muerte de María pero él la mantuvo a distancia del poder hasta su propia muerte y la ascensión de Ana en 1702.

Las expectativas para la coronación eran bajas. La nueva reina ya sufría de lo que ahora entendemos como lupus, una enfermedad que causa la inflamación de las articulaciones, la piel y los órganos, y el último de sus embarazos resultó en un hijo mortinato, por lo que se declaró que Ana fue «demasiado torpe y coja» para ser una soberana efectiva. La gota le impedía entrar en el Parlamento a pie; Sarah Churchill hizo arreglos para que la llevaran.
Sin embargo, Ana desafió todas las expectativas. Declaró «Como sé que soy completamente inglesa, les aseguro con la mayor sinceridad que no hay nada que puedan esperar o desear de mí, que no esté preparada a hacer por la felicidad y prosperidad de Inglaterra».
Esta fue una indirecta poco velada hacia su predecesor. Guillermo III era holandés y no era popular ni con el Parlamento ni con el pueblo inglés. La aserción de Ana que era «completamente inglesa» resonó en todo el país y le ganó a Ana un gran apoyo. Su aparente dedicación inquebrantable a mantener la nación la llevó a convertirse en una reina popular y muy querida, algo que duró hasta su muerte.
Ana presidió un período de grande cambios en Gran Bretaña. Nada menos de diez parlamentos fueron electos entre 1695 y 1715, cinco de ellos durante los doce años de reinado de Ana. Asistió a más reuniones del Gabinete que cualquiera de sus predecesores y gestionó con destreza los dos partidos cada vez más beligerantes, los tories y los whigs, y hizo oír su voz, una hazaña increíble para una mujer en un mundo de hombres.
Dos eventos definieron el reinado de Ana e incluso el futuro del país. El primero fue la guerra de sucesión española, en la que varios países europeos compitieron por el trono de España. Ana sabía que la guerra sería poco popular y buscó una victoria rápida para Inglaterra. Colocó a John Churchil, duque de Marlborough (y marido de su «favorita», Sarah) al mando de sus ejércitos; una decisión sabia dado que Marlborough era un soldado hábil. Logró muchas victorias, la más notable en la Batalla de Blenheim en 1704, por la que Ana les otorgó a los Churchill tierras y una gran casa.
La habilidad de Marlborough era tal que Inglaterra estaba en una posición fuerte cuando llegó el momento de negociar la paz. Ana demostró de nuevo su aptitud política al asegurar condiciones favorables; el Tratado de Utrecht de 1713 concedió a Gran Bretaña los territorios de Gibraltar y Menorca, lo que aseguró la supremacía naval británica en el Mediterráneo y el derecho a controlar el comercio con el Nuevo Mundo español.
La segunda hazaña importante fue la creación de Gran Bretaña. Aunque Inglaterra y Escocia habían compartido un monarca desde la ascensión de Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia, los dos países tenían parlamentos separados. Las tensiones habían estado altas durante años y Ana temía que Francia hiciera una alianza con Escocia para aplastar a Inglaterra. Presionó por la unión porque sabía que era la mejor solución para evitar la guerra, y la mejor manera de asegurar el suceso protestante al trono.
Sé que mi propio corazón es completamente inglés.
Reina Ana, en su primer discurso ante el Parlamento, 1702
Hubo protestas por ambos lados de la frontera, pero Ana persistió y al final recurrió al soborno para que Escocia aceptara la propuesta. Su plan funcionó y, el 1 de mayo de 1707, entró en vigor el Acta de Unión. Ana había dejado su huella en Gran Bretaña para siempre y un observador en un servicio de acción de gracias comentó: «Nadie en esta ocasión parecía más sinceramente devoto y agradecido que la propia Reina».
Lamentablemente, a pesar de los éxitos a nivel internacional, las tragedias personales de Anne continuaron atormentándola. La pérdida de sus hijos les afectó profundamente a ella y a su marido, y Ana creía que las muertes eran su castigo de Dios por abandonar a su padre. En 1704, murió el príncipe Jorge, y Ana se cayó en un profundo dolor, como que los dos habían gozado de un matrimonio amoroso. Además, como para colmo de males, su amistad con Sarah Churchill se crispaba. Sarah reprendió a Ana por llorar a su marido y la relación colapsó definitivamente cuando Sarah introdujo a Ana a su prima, Abigail Masham, sin saber que Abigail pronto se convertiría en la nueva favorita.

Ana desechó a Sarah y su marido y Sarah empezó una campaña de propaganda contra Ana, insinuando que la reina y Abigail tenían un romance lésbico. Es poco probable que esto fuera cierto ya que la mayoría de las pruebas provienen de la amarga biografía de Ana escrita por Sarah, pero manchó el legado de Ana durante siglos. El estreno de La Favorita en 2018 la condenó a estos rumores, pintándola como débil, fácilmente manipulable y envuelta en el escándalo de sus aventuras con Sarah y Abigail.
Agotada y cada vez más enferma, Ana sufrió un derrame cerebral en el aniversario de la muerte de su hijo Guillermo y falleció dos días más tarde. Asistió a reuniones del Gabinete hasta sus últimos días y es probable que el estrés de gobernar después de tantas pérdidas fuera el golpe final. Tenía 49 años en el momento de su muerte el 1 de agosto de 1714 y, sin heredero vivo, se convirtió en la última de los Estuardo. El trono pasó a la Casa de Hannover, pero no a la sucesora preferida de Ana, Sofía, quien ya había muerto. Ana está enterrada al lado de su querido Jorge en la Abadía de Westminster.
Tanto la historia como Hollywood han descartado a Ana en favor de las amargas palabras de Sarah. Las evaluaciones modernas la pintan como una reina fuerte, leal y popular, pero aun así Ana sigue siendo olvidada, un destino injusto para una mujer cuyo legado sigue vivo hasta hoy.
Fuentes:
- Smith, Hannah, ‘‘Last of all the Heavenly Birth’: Queen Anne and Sacral Queenship’ [«El último de todos los nacimientos celestiales»: la reina Ana y la realeza sacra], Parliamentary History, 28.1 (2009), 137-149
- Wilkes, Jonny, ‘Anne: Queen of Broken Hearts’ [Ana: Reina de los corazones rotos], BBC History Revealed, 35 (2016), 69-73
- Williams, Emma Slattery, ‘Queen Anne: The Last of the Stuarts’ [Reina Ana: La última de los Estuardo], BBC History Revealed, 63 (2018), 58-63
- Royal History’s Biggest Fibs with Lucy Worsley (BBC, 2020) <https://www.bbc.co.uk/iplayer/episode/m000fzsh/royal-historys-biggest-fibs-with-lucy-worsley-series-1-3-queen-anne-and-the-union> [accessed 15 September 2020]