Eva Perón: Jefa Espiritual de la Nación

Antes de convertirse en Evita, Eva Duarte tuvo que luchar por todo. Era hija natural de un padre que abandonó a Eva, a sus cuatro hermanos mayores y a su madre a favor de su familia “legítima” antes de que Eva cumpliera un año, cortando todo apoyo financiero. La humilde educación de Eva y su falta de educación la situaron firmemente entre la clase trabajadora argentina; cuando se trasladó a Buenos Aires en 1935, era solo una de miles en busca de un sustento en la capital. Sin embargo, Eva Duarte pronto ascendería en la jerarquía, convirtiéndose en Eva Perón, o Evita, como el mundo llegó a conocerla.

El éxito de Evita está vinculado intrínsecamente con el de su marido, Juan Perón. Es cierto que, sin él, no habría podido alcanzar tantas alturas; su estatus como la segunda persona más poderosa de Argentina dependía de que Juan fuera la primera. No obstante, sus logros como Eva Duarte no pueden ni deben ser pasados por alto; como joven y pobre mujer sola en el mundo, Eva logró construirse hasta una carrera próspera.

Desde pequeña, a Eva le encantaban las películas y el teatro. Soñaba con convertirse en actriz y, en 1934 cuando tenía 15 años, se trasladó a Buenos Aires donde encontró un trabajo de radio. Ganaba muy poco dinero pero se aseguraba de enviar dinero a su familia en Junín.

Durante los años siguientes, Eva pasó de trabajo a trabajo. Fue actriz de teatro itinerante, aceptó unos pequeños papeles en películas e hizo modelaje. Pero no fue hasta 1942 cuando experimentó cierta seguridad financiera.Había sido contratada para protagonizar diariamente un drama radiofónico llamado Muy Bien, que se emitía en Radio El Mundo, entonces la emisora de radio más importante del país.

Eva Duarte en 1944, a los 25 años, fotografiada por Annemarie Heinrich

Su gran oportunidad llegó cuando firmó un contrato con Radio Belgrano para protagonizar un radioteatro llamado «Grandes mujeres de todos los tiempos». Entre otras, Eva interpretó a Isabel I de Inglaterra, Catalina II “la Grande” de Rusia, Sarah Bernhardt y Alejandra Fiódorovna Románova, la última zarina de Rusia. Llegó a ser copropietaria de la empresa y en 1943 era una de las actrices de radio mejor pagadas del país. A la edad de 23 años, Eva había escapado de la pobreza de su infancia y ahora vivía en un barrio de lujo donde tenía estabilidad y comodidad.

La mudanza a Buenos Aires coincidió con un gran cambio político en Argentina. El país estaba gobernado por una oligarquía que no tenía ningún interés en mejorar las vidas de la clase obrera. El 4 de junio de 1943, durante un golpe de Estado sin sangre, un grupo de oficiales tomó el poder, entre ellos Juan Perón, quien se hizo cargo del departamento de labor y se destacó como defensor de los «descamisados».

Eva conoció a Perón en 1944 mientras utilizaba su fama para ayudar a recaudar dinero para las víctimas del terremoto. Conectaron y Perón no tardó en convertir a Eva en su amante, aunque la trató más como su esposa, a pesar de la desaprobación de sus superiores. Eva formaba parte de su vida cotidiana y asistía a sus reuniones políticas, contrariamente a las expectativas de las mujeres en ese momento. Se convirtió en uno de sus partidarios más apasionados y utilizó su programa de radio para promoverlo como una figura benevolente. Se esforzaba por hablar en un lenguaje común como para enfatizar su conexión a la clase obrera. 

En 1945, Perón fue detenido por temor a que se volviera demasiado poderoso. Sin embargo, en parte gracias a Eva, miles de partidarios salieron a las calles y exigieron su liberación. A las 11 por la noche del 17 de octubre de 1945, se les cumplió su deseo. Pocos días después, Eva y Perón se casaron en una íntima boda civil.

El año siguiente, Perón fue elegido presidente. Eva —ahora cariñosamente conocida como Evita— había hecho campaña con devoción, alabando a su marido y su deseo de reforma social. Tras la inauguración, Eva asumió su nuevo papel como Primera Dama e incluso comenzó a forjar un nuevo modelo de lo que debe ser una Primera Dama.

Se reunía con líderes laborales tres veces cada semana en las fábricas de Buenos Aires y les preguntó sobre sus necesidades. También ocupó cargos no oficiales en los ministerios de salud y trabajo, convirtiéndose en embajadora de Perón ante la clase trabajadora. La querían, y no sin razón. A través de su organización benéfica, la Fundación Eva Perón, construyó nuevas casas, escuelas y hospitales, y se aseguró de que de que se atendieran los más desafortunados de la sociedad. 

Prefiero ser solamente Evita a ser la esposa del Presidente, si ese «Evita» es pronunciado para remediar algo, en cualquier hogar de mi Patria…

Eva Perón

Eva también contribuyó significativamente al movimiento sufragista argentino. Aunque no se describía a sí misma como feminista (de hecho, parecía odiar el término y a menudo promovía el papel tradicional de las mujeres como cuidadoras) era una firme defensora del voto femenino. 

Declaró: «Ha llegado la hora de la mujer que piensa y juzga, rechaza o acepta, y ha muerto la hora de la mujer que asiste atada e impotente a la caprichosa elaboración política de los destinos de su país».

El retrato oficial de Eva Perón en 1951, apenas unos meses antes de su muerte

En 1947, se aprobó por unanimidad la Ley 13.010, que estableció el sufragio universal en Argentina. En una ceremonia pública, Perón firmó el proyecto de ley, luego simbólicamente se lo entregó a Eva, haciéndolo suyo. Posteriormente, Eva creó el Partido Peronista Femenino, el primer gran partido femenino de Argentina, que contaba con unas 500.000 miembros.

Eva votó por primera, y última, vez en 1951 cuando su marido se postuló para la reelección. Esperaba postularse a su lado para ser vice presidenta, pero la oposición militar la obligó a retirar su candidatura. Ganó Perón, y muchos de los votos provenían de la clase obrera y las mujeres recién admitidas al voto. Los esfuerzos de Eva habían dado sus frutos.

Su última aparición pública fue en la segunda inauguración de Perón en 1952. Alrededor de este tiempo, también se le dio el título de ‘Líder Espiritual de la Nación’, del cual fue la primera y única titular. Ya muriendo de cáncer, estaba demasiado débil para mantenerse de pie sin asistencia, y murió dentro de dos meses a los 33 años. Unos dos millones de argentinos acudieron al funeral y hasta ahora muchos todavía conmemoran el aniversario de su muerte.

Eva se veía a sí misma como dos mujeres. La primera: Eva Perón, la Primera Dama de Argentina. La segunda: Evita, defensora de los pobres. Es la segunda que ha perdurado, y en muchos aspectos es la que eligió, pidiendo que la gente común la llame por el apodo. El glamour y la fama de Evita han sido inmortalizados en el popular musical, pero es en Argentina donde su verdadero impacto aún puede verse hoy en día.

Fuentes:

Deja un comentario