Mary Seacole: Madre de Crimea

En 2007, Mary Seacole fue introducida en el programa académico nacional del Reino Unido. Desde entonces, su historia de vida se ha contado a muchos niños que antes solo habrían conocido a la compañera enfermera de Seacole, Florence Nightingale. De hecho, el interés en la vida de Seacole solo ha surgido muy recientemente y los prejuicios a que se enfrentó durante su vida también la siguió en la muerte. Como escribió Salman Rushie en su libro “Los versos satánicos”,  «Mira, aquí está Mary Seacole, que hizo tanto en Crimea como otra dama maravillosa, pero, al ser oscura, apenas se podía distinguir de la llama de la vela de Florence».

Seacole nació en Kingston, Jamaica en 1805, hija de madre jamaicana libre y padre escocés. Su herencia de mestiza fue un gran motivo de orgullo para ella y escribe mucho en su autobiografía sobre su respeto por sus padres y las influencias de ambas culturas en su vida. De hecho, fue de su madre de quien aprendió sus habilidades médicas; apodada la ‘Doctora’, era una sanadora reconocida en Jamaica que utilizaba medicinas herbales tradicionales, que a menudo eran más efectivas que otros remedios de la época. De ella, Seacole adquirió experiencia tratando una amplia variedad de enfermedades, entre ellas el cólera y la disentería, que le serían excepcionalmente útiles en Crimea.

Obtuvo aún más conocimiento médico durante sus viajes con su marido, Edwin Horatio Seacole, a Panamá, Haití, Cuba y las Bahamas. El matrimonio sólo duró ocho años ya que Edwin murió en 1944, seguido rápidamente por la muerte de la madre de Seacole. Fue una época extremadamente difícil para Seacole; encima de todo, un incendio arrasó con la pensión que operaban ella y su madre. No obstante, tras un periodo de intenso duelo, volvió a trabajar como enfermera, ayudando en una epidemia de cólera en 1850.

Seacole estaba organizando asuntos de negocios en Panamá cuando le llegaron noticias de la Guerra de Crimea. Viajó inmediatamente a Inglaterra y ofreció sus servicios como enfermera, pero fue rechazada.

Un boceto de Mary Seacole por el artista de la Guerra de Crimea, William Simpson, c. 1955

Con casi 50 años y obesa, es cierto que Seacole no era la candidata ideal. Sin embargo, llevó una dotación completa de referencias, y su extensa (y exitosa) carrera médica debería haberle asegurado el paso a Crimea, donde sus habilidades serían invaluables. Seacole atribuyó el rechazo al sutil tipo de racismo que impregnaba la sociedad británica y, dado el rechazo similar de otras dos mujeres Negras, parece haber tenido razón.

Determinada, Seacole decidió ir a Crimea por su propia cuenta. Imprimió tarjetas de presentación que envió por adelantado y proclamó su intención de establecer un “British Hotel” para los soldados enfermos y heridos. Durante el viaje se reunió con un doctor con el que había trabajado en Jamaica, y éste le escribió una carta de introducción a Florence Nightingale.

Seacole y Nightingale se conocieron solo una vez, cuando Seacole le pidió una cama para pasar la noche en el hospital de Nightingale. El encuentro parece haber sido perfectamente civilizado, aunque nunca volvieron a cruzarse, y Nightingale insinuó más tarde que Seacole difundió «embriaguez y conducta inadecuada» entre quienes estaban bajo su cuidado. Sin embargo, no hay evidencia de esto.

Además de ser enfermera, Seacole era empresaria. Una vez en Crimea, mandó construir su British Hotel, desde donde gestionaba una tienda que vendía artículos de gran necesidad como sábanas, ropa de cama y abrigos, junto con comida y bebida. Además, aunque aceptaba pago por tratar a quienes podían permitírselo, nunca rechazaba a nadie que no pudiera hacerlo.

«Si me lo hubieran permitido», dijo, habría atendido exclusivamente a los pacientes. Pero viajar sola a Crimea significaba que también le tocaba ganarse la vida.

Parece que a nadie le molestaban los pagos y Seacole se convirtió en una figura querida y respetada entre soldados de todas las nacionalidades. Llamada cariñosamente “Mother Seacole”, era una cara conocida para los hombres. Visitaba regularmente hospitales militares para tratar a los enfermos y heridos, e incluso fue iba al frente. Varias veces, descendió en las trincheras entre disparos para tratar los heridos; los hombre gritaban «¡Agáchese, madre!» y la ayudaban a ponerse de pie una vez pasado el peligro.

Era un consuelo para todos y, igual que ellos la llamaban “madre”, ella les consideraba a los soldados sus hijos.

… las palabras de gratitud y la sonrisa que me recompensaban por curar una herida o darle una bebida refrescante eran un placer por el que merecía arriesgar la vida en cualquier momento.

Mary Seacole, en «The Wonderful Adventures of Mrs Seacole in Many Lands»
Mary Seacole, fotografiada por carta de visita por Maull & Company en Londres, 1873

La guerra terminó el 30 de marzo de 1856. Seacole fue una de los últimos en abandonar Crimea ya que siguió tratando a los heridos y visitaba con frecuencia las tumbas y trincheras. Su experiencia en la guerra tuvo un gran impacto en ella, y escribe en su autobiografía cómo le entristecía cada vez que un soldado al que había tratado era asesinado.

A su regreso a Inglaterra, Seacole se vio obligada a declarar bancarrota, ya que su bondad durante la guerra tuvo graves consecuencias. Sin embargo, fue gracias a su bondad que pudo volver a la estabilidad. Los soldados a los que había tratado se unieron para recaudar dinero para Seacole, no una, sino dos veces. Figuras como la reina Victoria, el príncipe de Gales e incluso Florence Nightingale donaron y, junto con el éxito de su libro, Seacole pudo vivir con comodidad.

En 1870, ofreció sus servicios otra vez en la guerra franco-prusiana, pero otra vez fue rechazada. Esta vez, tenía 65 años y su salud había empezado a deteriorarse. Además, no podía hablar ni francés ni alemán. 

Seacole vivió en Londres el resto de la vida. Sufrió un grave derrame cerebral en 1881 y murió dentro de un mes, el 14 de mayo, a los 75 años. Se desvaneció rápidamente de la memoria pública ytardaría más de un siglo en recuperarse su legado. En 1990 el gobierno de Jamaica la otorgó el Orden del Mérito de Jamaica y en 2004 fue nombrada la “Mayor Británica Negra”.

Los críticos de la reintroducción de Seacole en la memoria pública han sugerido que sus logros se promocionan hasta tal punto que están sobrescribiendo los de Florence Nightingale. Yo diría que no; en cualquier caso, hay que reconocer que ambas mujeres moldearon el futuro de la enfermería y que no hay razón para que no puedan coexistir en la historia.

Fuentes:

Deja un comentario