Maria Anna Mozart: Un genio olvidado

Cuando se trata de Mozart, las palabras “genio” y “prodigio” se asignan al menor de los dos hermanos, Wolfgang. De hecho, parece que la mayoría de la gente nunca ha oído hablar de un Mozart mayor, y mucho menos de una hermana. Pero fue Maria Anna (comúnmente y de aquí en adelante conocida como Nannerl), la hermana mayor de Wolfgang, sobre quien se escribieron por primera vez estas palabras; puede que fuera la mayor genio de la familia, pero lamentablemente nunca lo sabremos. Aunque era una música increíble y casi con seguridad una compositora por derecho propio, no se ha conservado ninguna obra suya, y sus logros han sido eclipsados por los de su hermano.

Nacida en 1751, Nannerl fue la primera hija sobreviviente de Leopold y Anna Maria Mozart. Leopold era músico y se dedicó por completo a la educación de sus hijos, por lo que dirigió un hogar estricto. Nannerl empezó a tocar el clavecín cuando tenía siete años; le gustó de inmediato y aprendió con asombrosa rapidez. Wolfgang, cuatro años y medio menor que Nannerl, se unió rápidamente a ella. Idolatraba a Nannerl y ambos eran increíblemente unidos de niños: inventaron un lenguaje secreto e imaginaron un reino llamado Beck donde gobernaban como rey y reina.

Maria Anna y Wolfgang Mozart, c. 1763, por Eusebius Johann Alphen

Dentro de tres años, los dos alcanzaron el talento suficiente para actuar para la realeza. En 1762, Nannerl (11) y Wolfgang (6) tocaron para Maximiliano III, elector de Baviera, en Múnich. Un testigo escribió: «El pequeño tocó estupendamente. Es un niño vivaz, animado y encantador. Su hermana toca con maestría y [el príncipe] la aplaudió».

Leopold vio una oportunidad en el talento y la juventud de sus hijos y planeó un gran tour para 1763, que duró tres años. Tocaron conciertos públicos y privados para la nobleza y el público, y visitaron 88 distintas ciudades. La edad y el considerable talento de Wolfgang atraían el público pero nunca desvió la atención de Nannerl. Fue ella, y no él, quien fue la atracción principal y u interpretación fue tan magistral que su padre la consideró «una de las intérpretes más hábiles de Europa».

Esta experiencia cuando era niña probablemente cambió la vida de Nannerl, ya que habría visto y hecho muchas cosas que las jóvenes de su época nunca habrían podido hacer. Desgraciadamente, todo esto llegaría demasiado pronto a su fin.

En 1769, Nannerl cumplió dieciocho años. Siendo de edad para casarse, se quedó atrás cuando Wolfgang y su padre continuaron de gira, ayudando a su madre a administrar la casa. Ella continuó tocando, y probablemente incluso compuso. No se conservan composiciones que se le acrediten, aunque se cree que algunas de las obras de Wolfgang pudieron haber sido originalmente de Nannerl.

A diferencia de su hermano, Nannerl no era rebelde, habiendo crecido con una madre viendo a su madre actuar completamente sumisa a su padre. Como tantas otras chicas de la época, Nannerl era obediente y no se lamentaba cuando le decían que se quedara en casa.

Nannerl ya no sufre por la comparación con el chico, pues toca tan bellamente que todos hablan de ella y admiran su ejecución.

Leopold Mozart, escribiendo sobre Nannerl

Anna Maria murió en 1778, por lo que Nannerl, con 27 años, asumió el puesto de ama de casa. Unos años después, la estrecha relación con su hermano se fracturó cuando él desobedeció a Leopold y se marchó a Viena donde se casó con una mujer que Leopold no aprobaba. Nannerl se puso del lado de su padre y la ruptura nunca se arregló del todo.

Nannerl no se casó hasta que tenía 33 años, una edad inusualmente mayor para una mujer de la época. Se había enamorado de Franz d’Ippold, un capitán y tutor privado, pero su padre prohibió el matrimonio y en su lugar Nannerl se casó con Johann Baptist Franz von Berchtold zu Sonnenburg, magistrado y viudo dos veces con cinco hijos. Se esperaba que Nannerl cuidara de estos cinco además de sus propios tres hijos, aunque la menor de los tres (Maria) vivió solo un año y el mayor (Leopold) vivió con su abuelo hasta la muerte del mayor Leopold en 1787.

Nannerl mantuvo una estrecha relación con su padre por el resto de su vida. De hecho, parecía preocuparse de verdad por su hija, ya que no solo le daba ayuda económica, sino que también pagaba para que le enviaran la música de Wolfgang, reunía músicos para que ella tocara cuando la visitaba e incluso la animaba a plantar cara a su marido. Sin embargo, fue un arma de doble filo dado que la cercanía con su padre mantenía la distancia con su hermano. Nunca se visitaron después de la boda de Wolfgang en 1783 y toda correspondencia cesó a partir de 1788.

Wolfgang murió en 1791 con 35 años. Alrededor de 1800, Nannerl descubrió la biografía de Wolfgang escrita por Franz Xaver Niemetschek, cuyo contenido le era en gran parte nuevo. Leerlo pareció suavizar sus sentimientos hacia su hermano, y escribió:

Maria Anna Mozart, c. 1785

«La biografía de Herr Prof. Niemetschek reanimó tan completamente mis sentimientos fraternales hacia mi hermano tan ardientemente amado que a menudo me encontraba desolada, ya que solo ahora me familiaricé con la triste situación en la que se encontraba mi hermano».

Su marido murió en 1801, después de lo cual Nannerl volvió a Salzburgo con sus hijos. Libre por fin de la influencia de hombres, empezó a trabajar como maestra de música, y además trabajó con la esposa de su hermano, Constanze, en una biografía de Wolfgang. Es gracias a ella que gran parte de la música de Wolfgang nos sobrevive hoy en día.

Para 1820, la salud de Nannerl estaba en declive y en 1825 estaba ciega. En 1829, la autora Mary Novello visitó y conoció a una anciana «ciega, lánguida, agotada, débil y casi muda» que estaba increíblemente aislada. También creía que Nannerl era empobrecida, pero se equivocaba; en realidad Nannerl era frugal y dejó una pequeña fortuna cuando murió el 29 de octubre de 1829. Tenía 78 años.

El genio de Nannerl ha caído en el olvido y nunca sabremos en qué podría haberse convertido. Es una historia triste, pero recurrente: una mujer es apartada en favor de un pariente varón, o obligada a dejar atrás sus pasiones para cumplir con sus deberes asignados como esposa y madre. Nannerl es uno de esos casos y ahora nos toca recordarla, aunque la historia no lo haga.

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